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A Revento le apodaban “el Rey de las Pedorretas” porque no paraba de tirarse pedos. Eran pedos letales, una auténtica arma biológica que le granjearon el ostracismo y el ridículo de los habitantes de su pueblo, Cimadoro, uno de los siete pueblos situados en una de las siete cumbres del Monte Ettipicchio. En otra cumbre, en el pueblo de Cimadicielo, nació Ventolina. Padecía anosmia y también era marginada y acosada por ello. Una guerra comercial había estallado entre los pueblos de las siete cumbres, alimentada por estafadores y sinvergüenzas de la peor calaña. El Rey de los Pedos y Ventolina, gracias a su singularidad, iniciarán una revolución y, tras una serie de batallas extremadamente arriesgadas y el uso de potentes ordenadores, traerán la paz y la prosperidad a todos.





